Testimonios

Hay solución, hay salida

 

Conoce el caso de Maria Antonia Rossello Llompart:

Fue uno de los momentos más dramáticos de todo el proceso, aunque no el único.

Todo comenzó cuando Paula tenia 21 años, mi hija menor, se pasaba las noches enteras delante del ordenador, decía que hablaba con un chico. Yo le decía que no podía pasarse las noches en vela y que era extraño que hablara con alguien toda la noche porque las personas duermen por la noche y trabajan de día, ¿a caso este chico no trabaja o estudia?

A ella no le interesaba hacerse esa pregunta.

Un día vino a mi muy angustiada, explicándome que la perseguían a través del móvil, la escuchaban, veían todo lo que hacia. Le dije que eso era imposible, que no la vigilaba nadie, pero ella insistía una y otra vez.

– ¡Paula me estas asustando! te digo que es imposible -.

– Enséñame ese Chat por el que dices que hablas con un chico -.

– Si, mira mamá, ahora me contestará -.

Resulto que no hablaba con nadie todo era fruto de una psicosis profunda.

A raíz de este suceso me puse en contacto con las amigas de Paula que me confirmaron que se comportaba de manera extraña y ellas mismas me confesaron que Paula abusaba de las drogas, cocaína, pastillas de diseño, cannabis e infinidad de sustancias innombrables.

Además Paula me dijo que oía voces, que sentía que alguien la rozaba, la perseguían y además tenía alucinaciones del tacto, el gusto y el olfato.

Con una angustia tremenda y sin saber hacia donde dirigirme, visite a un psiquiatra, que le diagnostico esquizofrenia paranoide y me dijo que era grave. Dijo que debía dejar las drogas inmediatamente y le receto medicamentos antipsicóticos.

Yo en ese momento no era consciente de la dependencia, que tenia Paula de las drogas, no podía imaginarme que llevaba un demonio dentro. Pensé que si, que a causa de las drogas habría podido trastornarse, pero tenia la creencia de que se curaría, que habría sido una mala época que con mi ayuda y la de profesionales todo se habría quedado en un susto. Pero evidentemente esto no fue así.

Ahí empezó la pesadilla de toda nuestra familia. Paula de cada vez estaba mas desequilibrada,  había días que no podía levantarse de la cama, la medicación le sentaba fatal, vómitos, mareos, etc. Y lo peor de todo, continuaba consumiendo drogas.

Todo empeoro muchísimo, ella negaba que continuara consumiendo, se volvió violenta y agresiva, Paula contra todos, contra mi, contra su padre, su hermana y todos los que la querían.

Yo no sabía lo que estaba pasando, El mundo me daba vueltas como un torbellino a mí alrededor sin saber que dirección tomar ni a quien acudir.

Ante mi asombro y desgraciadamente no había nadie que pudiera ayudarme, estaba sola ante el mayor abismo jamás vivido.

No podía creérmelo, no había nadie que me guiara, iba dando tumbos de psiquiatra en psiquiatra, de clínica en clínica, centros diversos de rehabilitación.

Cuatro largos años de sufrimiento y desesperación.

En el primer centro que la ingrese le dieron tanta mediación que se quedo como un robot, su manera de andar, de moverse, su mirada, habían quedado totalmente bloqueadas.

En esa etapa, Paula estaba ingresada asistiendo a terapias individuales y grupales, atendida por psiquiatras y psicólogos. Durante ese periodo y otros siguientes le diagnosticaron varias enfermedades como personalidad disociativa y varios tipos de esquizofrenia, otros psiquiatras descartaron tales enfermedades y cambiaron a trastorno límite de la personalidad (TLP). Parece ser que esta última fue la definitiva.

A causa de ello le administraron toda clase de medicamentos como si de un experimento se tratara.

Aunque yo me daba cuenta que esta enfermedad no tenía un tratamiento específico, que cada paciente era diferente y que la psiquiatría estaba muy poco evolucionada en este terreno.

Hoy en día solo existen medicamentos para suavizar la angustia del enfermo, pero no para sanar el demonio interior.

Es muy triste ver que no puedes ayudar a tu hija porque no existen medios, tan solo puedes conseguir parches que hacen que pasen los días y los años viendo como pierdes lentamente lo que más quieres en este mundo. Deseando todos los días que se acabe esta pesadilla, sin saber de donde sacar fuerzas y a duras penas te levantas por la mañana para continuar con la vida que te ha tocado.

Puedo compararlo con una muerte en vida, tanto para mí como para mi hija porque el sufrimiento que ella tenía se duplicaba al mío.

Ella sufría tanto, que a veces desee su muerte y después la mía.

Si no hubiera sido por mi espiritualidad y mi sentido de la vida habría tirado la toalla definitivamente y hubiera desaparecido.

Son infinitos los episodios de violencia que presencie, podría escribir un libro de todos y cada uno de ellos, toda mi casa estaba destrozada, cristales, puertas, paredes, llamadas a la policía, ambulancias, ingresos periódicos en diversos centros psiquiátricos, oyendo a mi hija gritar que la matara, que la matara, que no podía mas.

-¡¡¡Dios mío!!! – Ayúdanos, pero sobre todo a ella, es tan grande su sufrimiento que se refleja en mí como cuchillos clavados en el alma.

Siempre he pensado que las cosas no pasan por casualidad, un día hablando con una amiga me hablo de José Luis Martínez, ella había oído hablar de él gracias a un conocido que había tenido problemas similares.

Sin pensarlo siquiera, me puse en contacto con él, como siempre desesperada deseando encontrar una luz al final del túnel.

Y efectivamente ahí estaba la luz…….En cuanto hable con José Luis por primera vez, encontré lo que no había encontrado en cuatro años, ¡un protocolo de actuación!. Gracias a Dios existe un trazado, una guía a la cual seguir, un manual de instrucciones, ¡lo sabia, lo sabia!, era imposible que esta antigua y dura enfermedad no tuviera un plan de actuación rápido, eficaz y sin titubeos, que era exactamente lo que necesitaba.

Inmediatamente José Luis programo la intervención familiar de manera muy profesional, indicando uno a uno todos los pasos a seguir, sin fisuras, todo planificado con varios planes de actuación según las reacciones que pudieran surgir.

Sin ningún tipo de duda seguí su procedimiento y casi sin darme cuenta Paula estaba en un centro especializado con profesionales que habían estudiado el comportamiento de las personas con adicciones, profesionales volcados en su trabajo, con procedimientos adecuados y sobre todo con un manual de instrucciones seguras y eficaces, capaces de pronosticar los resultados del tratamiento y de saber que sucede detrás de cada paso.

No como yo estaba acostumbrada donde se trataba todo de experimentos, sin ninguna certeza, experimentos con medicamentos, que lo único que hacían era desordenar más la mente enfermiza y autodestructiva.

Ya sabemos que cada persona tiene su propio tratamiento y seguimiento, pero en ese sentido existe una dinámica ciertamente relacionada.

No puedo decir todavía que Paula que ahora tiene 26 años esté curada del todo, pero si que esta siguiendo un tratamiento que a corto plazo comenzó a dar sus frutos.

Y la luz al final del túnel cada día es más grande, más brillante y más poderosa.

Animo a todas las personas y familiares que están sufriendo el problema de las adicciones, tanto si son simples como duales donde están afectadas algunas partes del cerebro, a que se pongan en contacto con Intervenciones Familiares.

La solución puede que este más cerca de lo que se imaginan, sin tener que pasar por un calvario innecesario de interminables años.

Estimados hijos, hermanos, madres y padres víctimas de la drogodependencia, deseo que este testimonio os ayude a aliviar vuestro sufrimiento y veáis en el una pequeña ventana de luz y esperanza, la cual se agrande mas cada día.

Mis mas sinceros agradecimientos a esas grandes mujeres del grupo familiar que tuvimos que formar para emprender esta ardua tarea, compuesto por mi hermana mayor, mi prima, amiga y vecina de la infancia y mis mas verdaderas amigas para unir nuestras fuerzas con el fin de empujar la recuperación de Paula, ya que sin este magnífico grupo no hubiera sido posible.

Sin olvidar a mi hija mayor por su entereza y comprensión.

Maria Antonia Rossello Llompart